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17 Septiembre 2019

Los expertos anticipan un 2020 muy complejo para la economía

El nivel de actividad económica caerá entre 2% y 3% en 2019 y una recuperación en 2020 es tan deseable como incierta. Más aún si se tiene en cuenta que Argentina está pasando un problema de crecimiento que dista de ser nuevo. Con subas y bajas, la economía está virtualmente estancada desde 2011 y, si bien cuesta decirlo, la década que se despide fue otra oportunidad perdida mientras el mundo, con el vecindario incluido (salvo tristes excepciones), siguieron avanzando.

¿Hay probabilidades de que 2020 sea mejor que 2018-2019? ¿Qué deberá hacer el que asuma el 10 de diciembre? ¿Y con qué secuencia? El Economista abrió el juego a diversos consultores para que ofrezcan su visión (y sus recomendaciones).

Eric Ritondale (Econviews) no tiene una visión optimista. “Hay dos señales que serían clave”, dice. Por un lado, “firmar una Ley de Responsabilidad Fiscal con el Congreso y gobernadores, con compromiso de corto y mediano plazos y que incluya la prohibición de emitir deuda en moneda extranjera para financiar déficit, aunque se pueda para rollear deuda vieja”.

Por el otro, “una reforma a la Carta Orgánica del BCRA que prohíba el financiamiento monetario del Tesoro, acordar con el FMI nuevo programa que incluya un nuevo perfil de vencimientos, obviamente y una oferta de canje voluntario para la deuda de ley local”. Según Ritondale, “si todo ese programa sale bien, el canje de la deuda en ley extranjera podría no ser necesario”.

El problema no menor, explica, es que hay muy bajas chances de que eso ocurra. “Por eso, espero un 2020 peor para Argentina y una nueva caída de la economía”, admite. Además, agrega que, si no median definiciones rápidas, podría haber un nuevo default, “con muchos años sin crédito externo y un dólar más alto que el actual”.

Martín Tetaz (Economista)

“El problema principal, hacia 2020, es que Argentina terminará 2019, dependiendo de lo que suceda en diciembre, con un déficit primario de 0,5-1% del PIB y, por ende, con un un déficit financiero de entre 4% y 4,5% del PIB”, dice el economista Martín Tetaz. “El Programa Financiero de 2019 está cubierto, pero el de 2020 ya no luce tan fácil, sobre todo los vencimientos de deuda. Cualquier reperfilamiento que quiera hacer el Gobierno, tardará un año y demandará, además, un nuevo acuerdo con el FMI. Recién después de eso, saldrá a ofrecer un canje voluntario para que vayan entrando los inversores. Si bien los vencimientos no son muy altos (cerca de US$ 10.000 millones), si no hay acceso a los mercados, obligarán al nuevo Gobierno a tener un superávit aún mayor. Es decir, el ajuste fiscal deberá seguir. O, en cambio, financiar una porción más grande de ese Programa Financiero con más emisión monetaria. Teniendo en cuenta las promeses de campaña, el panorama y las perspectivas de crecimiento no son muy auspiciosas”, agrega en diálogo con El Economista.

“El equilibrio macroeconómico se define en lo fiscal, pero también en la cuestión externa y allí también hay dudas. La calma del tipo de cambio dependerá de que la cuenta corriente se estabilice con el nivel de dólar actual pero, por otro lado, no sabemos cuan superavitaria o deficitaria será la cuenta capital, lo que dependerá de las condiciones de la eventual renegociación de la deuda. En otras palabras, no queda claro que el balance de pagos se vaya a estabilizar”, expresa. “Eso determinará también la dinámica fiscal porque es clave que la deuda en dólares no sea muy grande. Si el dólar se va a las nubes, el gasto en pesos también se dispara. En cualquier caso, se necesitará un superávit fiscal significativo. Veremos cómo lo consiguen”. Tetaz aclara, sin embargo, “que el 2020 es ciencia ficción y el Gabinete de Alberto Fernández puede ir desde Guillermo Nielsen hasta Juan Grabois”. Recién en los primeros meses de 2020, concluye, “tendremos un panorama más claro”.

Bárbara Guerezta Arriazu (Macroanalistas)

“El próximo Presidente recibirá una economía indexada y en recesión, con una profunda crisis de confianza, con cepo cambiario, sin acceso a financiamiento y con un leve déficit fiscal primario, y con un acuerdo todavía vigente con el FMI”, dice, a modo introductorio Bárbara Guerezta (Arriazu Macronalistas). “El mayor peligro en el que puede incurrir el próximo Gobierno es el de tomar medidas pensando solamente en reactivar la economía, desconociendo las demandas que tienen los argentinos y extranjeros sobre la situación fiscal. Cualquier medida económica que busque solamente expandir el gasto público sin contar con financiamiento genuino que no sea la emisión monetaria se chocará de golpe contra la restricción presupuestaria y nos puede dejar en las puertas de una aceleración de la inflación rápida y severa”, advierte. Por lejos, ahonda, el mayor esfuerzo debería estar enfocado en recuperar la confianza para desincentivar la dolarización de portafolios y recuperar la monetización de la economía. “Desde un punto de vista macroeconómico, los fundamentos económicos al día de hoy (incluso con el cepo) son mejores que hace cuatro años, pero la crisis de confianza podría conducir a la economía a un proceso de sobreajuste, como el que vivió el país en 2002”, señala.

¿Qué es el sobreajuste? “Que aun cuando no hay grandes desbalances macroeconómicos (el Fisco, el sector externo y, por ende, el tipo de cambio, se encuentran cerca de un razonable equilibrio), el miedo del sector privado lo conduce a tomar decisiones de retracción máxima del consumo, dolarización de portafolios y ninguna predisposición a renovar la deuda pública. Esa enorme caída de la demanda interna es la que hace desplomar las importaciones, y nos lleva a gigantescos superávits de cuenta corriente, que poco tienen que ver con la competitividad, sino que son producto del miedo. De todos los factores que explican el crecimiento económico en el corto plazo, por lejos, hoy el más relevante es la salida de capitales privados. Si se la logra detener o disminuir, se puede generar un efecto expansivo en la economía y también podría generar financiamiento al sector público”, dice Guerezta.

“El cepo agrega un condimento: aunque es cierto que tiene sus diferencias con el anterior, ningún Gobierno debería pensar que se pueden mantener las restricciones cambiarias por demasiado tiempo porque los mecanismos para ‘sacar capitales’ de manera oculta emergen rápidamente. El ejemplo más común es la sobre y la subfacturación del comercio exterior, sobre el que el Gobierno, además, posiblemente pretenda recaudar más, para financiar cualquier intento de expansión del gasto”. Además proyecta que no habrá boom exportador si se mantienen tipos de cambio múltiples.

“La indexación, por último, es un gran desafío. A diferencia de lo que ocurrió en 2002, cuando la economía venía de diez años de estabilidad de precios, ahora los mecanismos de actualización de precios están completamente aceitados y funcionando. No es cierto que se necesite una mayor depreciación de la moneda para recuperar competitividad. Si el tipo de cambio sigue subiendo es porque se están haciendo las cosas mal: o se habrá vuelto a emitir, o se habrá fracasado en recuperar la confianza de los argentinos. Hay que evitar que se reactiven los círculos viciosos entre depreciación, salarios y precios que también aceleran la inflación. Cortar con la indexación no es fácil pero, en todo caso, la conducta fiscal es una condición necesaria sin la que ningún plan de estabilización podrá ser exitoso”, concluye.

Matias Carugati (Economista)

Para empezar, dice el economista Matías Carugati, hay que decir que es muy difícil proyectar el 2020. “Porque no sabemos cómo vamos a llegar al 10 de diciembre, ni qué situación va a enfrentar el próximo Gobierno”, señala.

“La base para que el 2020 pueda ser mejor que el 2019 es que, de alguna manera, se pueda lograr la ‘cuadratura del círculo’. Un programa económico consistente, que logre armonizar de la mejor manera posible las demandas políticas y sociales dentro de las restricciones económicas. Sin consistencia macro no hay programa que aguante porque ya no hay grados de libertad disponibles”, dice Carugati.

“Saliendo de esa generalidad hay, tal vez, algunas claves para evitar un deterioro mayor. Primero, evitar un default y/o reestructuración desordenada. Prevenir (negociar ex ante) es mejor que curar (ex post). Segundo, evitar el acortamiento e indexación de los contratos. Una mesa de negociación tripartita puede ayudar. Tercero, evitar otra corrida cambiaria. Los controles han llegado para quedarse, quién sabe hasta cuando, pero hay que recordar que los beneficios disminuyen con el paso del tiempo y los costos se incrementan. Lo que nos lleva de vuelta al principio: sin ordenamiento macro (y político) no hay forma de evitar una crisis”, sentencia Carugati.

Martín Vauthier (Eco Go y UTDT)

“Hoy estamos en una situación de gran incertidumbre por el programa de económico de 2020 y con incentivos desalineados: un Presidente en funciones que perdió poder y un virtual Presidente que aún no ganó nada, pero sigue siendo candidato. En estas semanas, la coordinación aparece difícil porque seguimos en campaña, más allá de que no hubo declaraciones incendiarias recientes. Eso, junto con el control de cambios, ayudaron a tener cierta calma”, dice Martín Vauthier desde Eco Go y UTDT.

“Desde el 28 de octubre, el nuevo Presidente deberá ser más explícito e ir más allá de las consignas generalistas: cuanto más compre el mercado esa historia, más tranquilidad financiera vamos a tener. Ese programa debe tener prudencia y consistencia fiscal para, eventualmente, cambiar la estructura de la recaudación y, a la vez, lograr un crecimiento de la inversión y las exportaciones, porque esa es la única forma de financiar el crecimiento del consumo y, además, pagar la deuda: necesitamos generar divisas. Asimismo, es clave tener consistencia monetaria y, de una vez por todas, construir una moneda nacional, como hicieron casi todos los países”, agrega Vauthier. “Esto último será clave para atacar la inflación, también”.

Si bien es difícil hacer proyecciones, admite, la clave es si el mercado “compra” el relato del nuevo Presidente pero, aun si lo hiciera, “será difícil que la economía crezca por el arrastre negativo que dejará 2019”.

Un economista del sistema financiero, que pide off the record, pinta el siguiente panorama ante El Economista. “Es fundamental recuperar la confianza de los mercados e intentar retomar la senda de normalización que se había iniciado con el FMI. Sin embargo, será necesario replantearse el actual esquema de regulación monetaria vía Leliq, que llevó a las tasas de interés de los préstamos a valores superiores a 80%. Debería intentarse una reducción en la tasa de estos instrumentos tan pronto como se pueda. Esto puede ocurrir de dos maneras posibles. La forma buena es con un paraguas financiero adicional (financiación externa de algún organismo o conjunto de países) de manera de asegurar los vencimientos con privados del año que viene y despejar las dudas con los vencimientos de 2022 y 2023 con el FMI, comprometiéndonos a realizar los esfuerzos necesarios desde el punto de vista de reformas y consecución de un superávit fiscal persistente para que dicho apoyo externo se materialice. Esto generaría la confianza necesaria como para que baje la tasa de pesos sin que el dinero corra el dólar lo que a su vez permitiría una reactivación económica. La forma mala sería bajar la tasa hasta un nivel levemente superior a la inflación proyectada manteniendo (o intensificando) las restricciones a la compra de dólares para evitar que los individuos corran a la moneda extranjera”, dice y agrega: “La baja en la tasa de interés va a permitir que la economía se reactive y, a su vez, facilitará la consecución de las metas fiscales. Una vez que se logre el superávit primario, comenzaría la eliminación de Leliq ya que un Gobierno superavitario es contractivo de la base monetaria y el BCRA podría cancelar Leliq (efecto expansivo) sin aumentar la base monetaria”.

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El dato: 70%

El candidato presidencial del Frente de Todos sostuvo ayer que ya tiene “definido 70% del Gabinete” que lo acompañará en una eventual, y probable, gestión suya desde el 10-D. Consultado por quien podría ser su ministro de Economía si llegara a la Casa Rosada, Fernández se excusó de dar nombres propios, pero dejó en claro que saldrá del equipo que lo acompaña desde hace unos meses. “Tengo dudas porque tengo demasiados buenos”, dijo entre risas durante sus declaraciones a AM 990. “Del equipo con el que estamos trabajando va a salir nuestro ministro de Economía”, agregó, insinuando que no habría lugar para outsiders o sorpresas. Por ahora. Además, trascendió que optaría por tener un ministro fuerte y no repetir el error de Cambiemos de compartimentar la política económica. “Todos los que trabajamos en esto sabemos qué es lo que tenemos que hacer. No es un camino fácil. Cada día que pasa la economía se deteriora más”, agregó el exjefe de Gabinete.

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La visión de Vasconcelos

El economista Jorge Vasconcelos plantea que el driver de la salida de la crisis será algo tan inasible y difícil como regenerar la confianza. “La profunda caída de la economía desde mediados de 2018, que habrá de superar el 5 % acumulado, sólo podrá comenzar a revertirse cuando se recupere la confianza y se amplíe el horizonte para la toma de decisiones. Esto, a su vez, depende de las señales de gobernabilidad que comiencen a bosquejarse de cara el proceso electoral y de la consistencia de la política económica que emerja hacia el 10 de diciembre, con desafíos que no se agotan en el reperfilamiento de la deuda pública y el empalme que se diseñe para el control de cambios en vigencia”, escribió el hombre del Ieral de la Fundación Mediterránea en La Voz del Interior.

Para eso, Vasconcelos sostiene que las exportaciones son “un vector” de crecimiento que deberá ser priorizado. Allí, agrega, es clave que el control de cambios no sea utilizado como una virtual ancla cambiaria para bajar la inflación. “El control de cambios, si siguiera vigente después del 10 de diciembre, no debería ser utilizado (por lo menos al principio) como instrumento antiinflacionario, congelando el tipo de cambio oficial. Esa práctica fue el eje de la experiencia de 2011-2015, generando un notable encarecimiento del país. De hecho, el precio del ‘Big Mac’ (estimado a través del ‘Cuarto de Libra’) pasó de US$ 4,84 a US$ 7,44 entre mediados de 2011 y 2015 (…) En el punto de partida del actual control de cambios, el país no está caro en dólares, con un ‘Big Mac’ por debajo de los US$ 3,5. Pero el riesgo de que vuelva a ocurrir lo del ‘cepo’ puede desalentar proyectos vinculados a exportaciones”, agregó.

Pero la cuestión cambiaria dista de ser la única para encarar el desafío exportador. Los números así lo muestran. Más allá del fenomenal salto del tipo de cambio del último año y medio, Argentina está lejos de exportar más y el superávit comercial, si bien robusto, tiene que ver más con la caída brutal de las importaciones. “Obsérvese que en medio de la profunda recesión iniciada a mediados de 2018, con fuerte caída de la demanda, las exportaciones industriales no han logrado compensar el deterioro del mercado interno. La oferta local parece no tener calidad/ precio para ganar mercados externos con la actual planta productiva y, pese a la recesión, las exportaciones también caen”, señaló Vasconcelos.

Fuente: El Economista

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